Ser en clave de sol


La creciente omnipresencia de la música en la vida cotidiana mueve a neurocientíficos, compositores y productores del sector audiovisual a analizar su impacto emocional 


con que frecuencia
Gráfico: El 72,8% de los encuestados para la realización del reportaje dedica un tiempo del día a escuchar música

Descifrar el nacimiento y el sentido de la existencia de la música es una tarea que aún inquieta a la comunidad científica. En parte, porque su aparición no se entiende sin el enigmático surgimiento de la humanidad; de aquellos homínidos que ya plasmaban su expresión artística en las paredes de las cuevas sin saber muy bien por qué. Prueba de ello es que los utensilios más longevos hallados en yacimientos de excavaciones humanas son rudimentarios instrumentos de viento o percusión, como las flautas de hueso o los tambores fabricados con piel animal.

No obstante, más allá de sus orígenes, es una realidad que la música está cada vez más presente en el día a día. Según una indagación colectiva del Instituto Superior para el Desarrollo de Internet (ISDI), Spotify e Ipsos, en España, el 47% de los profesionales la escucha mientras trabaja y el 79% de la población tiene como preferencia oírla cuando viaja en coche. Unos datos que plantean dudas existenciales: ¿por qué suele gustar y cómo influye en los seres humanos?

DSCN9795
Miembros de la tribu Swazi representan un baile ceremonial. Foto: Ismael Ul Alam

«Analizar la relación entre el cerebro y la música es una vía para llegar a entender los misterios más profundos de la naturaleza», escribió el neurocientífico Daniel Joseph Levitin en el libro Tu cerebro y la música. El también psicólogo de la Universidad McGill de Montreal (Canadá) publicó el pasado 8 de febrero en la revista Scientific Reports un estudio que evidenció que escuchar una melodía afecta de igual forma al cerebro que el hecho de practicar sexo o consumir drogas.

Sin embargo, a pesar de la implacable afirmación, existen personas a las que la música les deja con sensación de indiferencia. Es la conclusión a la que llegó Josep Marco-Pallarés (Esplugas de Llobregat, 1978), profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB) y miembro del Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL). En 2013 realizó junto a su equipo de trabajo un cuestionario a 3.000 personas sin ningún trastorno psicológico subyacente que identificó la anhedonia musical específica; una condición que afectaba a cerca del 5% de los interrogados y se define como la incapacidad de estos sujetos de sentir placer por la música (pero sí por otras cosas). Tras corroborar los resultados en el laboratorio con técnicas de neuroimagen, Marco-Pallarés explica que las personas que la padecían presentaban «cierta desconexión» entre las áreas cerebrales de percepción primaria y las encargadas de procesar las recompensas y las emociones. En cambio, el resto de individuos encuestados tenían una respuesta fisiológica normal ante el estímulo que suponía escuchar una de sus canciones favoritas. Aunque de acuerdo al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) los temas tienen una estructura cada vez más repetitiva en cuanto a letra, ritmo y sonoridad, no se inclina por que este sea un factor propicio para el desarrollo de la anhedonia musical: «en general, a quienes hemos estudiado no han sentido nada por la música toda su vida», justifica.


haaborrecidoalgunavez
Gráfico: El 67,1% de los encuestados durante la elaboración del reportaje reconoce que en algún momento ha dejado de sentir placer por una composición determinada

Así, de acuerdo a Marco-Pallarés, lo primero que ocurre en el ‘órgano pensante’ de la mayoría de la gente cuando está expuesta a una secuencia temporal de sonidos armónicos, melódicos y rítmicos es que se activan las estructuras «más elementales» de audición situadas en el lóbulo temporal. Estas se ‘encienden’ cuando se percibe cualquier ruido externo, como puede ser el provocado por la conversación entre dos viandantes. A partir de ahí, el procesamiento interno de la música se vuelve «muy complejo». «Seguramente, lo que los seres humanos hacemos es generar predicciones sobre cómo se va a desarrollar una canción. Ya sea porque la hemos escuchado anteriormente o porque sabemos cómo es la música en nuestra cultura», añade. En suma, el resultado simultáneo del balance entre los pronósticos acertados y los erróneos es el responsable de que se genere una mayor o menor sensación de placer.

Según Josep Marco-Pallarés, cuando una persona escucha una canción genera «predicciones» sobre ella y su sensación de placer aumenta si las acierta

Dificultad para investigar

Que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estimara que los recursos destinados a ciencia disminuyeron en España un 34,69% entre los años 2009 y 2013 no pasa desapercibido para los neurocientíficos que estudian el impacto emocional de la música. Asimismo, aparte de la escasa financiación para trabajos de investigación, existe otro inconveniente: la propia anatomía del cerebro. «Es un órgano con muchos niveles interconectados. Se puede estudiar desde el funcionamiento de una neurona y su relación con otras hasta llegar al porqué de la conducta humana frente a estímulos sonoros», afirma Marco-Pallarés. Gracias a los avances en técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética funcional, que permite obtener tomas de la actividad cerebral en tres dimensiones, mantiene la esperanza de poder desmenuzar algún día la verdad. «Aún estamos lejos de conseguirlo, pero es cierto que en los últimos veinte años hemos aprendido muchísimas cosas», concluye.

araceli
Ensayo del drama sacro-lírico ‘Misteri d’Elx’, cuya música se asemeja a estilos del Medievo, Barroco y Renacimiento. Foto: Ismael Ul Alam

¿Música como terapia?

Los obstáculos presentes a la hora de abordar un asunto tan abstracto como la música y su injerencia en el cerebro han propiciado la presencia de líneas de investigación en vías de consolidar su evidencia científica. El fallecido otorrinolaringólogo Alfred Angelo Tomatis ya creó controversia en 1991 con la publicación del libro Pourquoi Mozart, donde manifestaba que las sonatas del célebre compositor Wolfgang Amadeus Mozart eran útiles para combatir estados depresivos. El posterior estudio de la psicóloga Francesca Rauscher recogido en la revista Nature dos años después agregó que no solo servía para hacer frente a deterioros de la salud mental, sino que aquellos afortunados que escucharan alguna de sus obras durante diez minutos experimentarían una mejora del razonamiento espacio-temporal. Era el nacimiento del debatido ‘Efecto Mozart’.

Por otro lado, el Louis Armstrong Center for Music and Medicine de Nueva York (Estados Unidos) defendió el pasado mes de abril los beneficios que puede aportar la musicoterapia con el fin de tratar el dolor posquirúrgico de pacientes. La ciencia no ha podido fundamentar del todo esa faceta curativa de la música y hay quien se posiciona más hacia el terreno del placebo y la sugestión. Ocurre lo mismo con el Autonomous Sensory Meridian Response (ASMR), descrito por internautas como la sensación agradable que provocan determinados sonidos, y el reciente fenómeno de las drogas auditivas o sonoras, al que Marco-Pallarés confiere «poca credibilidad».


alguna vez se ha sentido bajo los efectos
Gráfico: El 66% de los encuestados para la realización del reportaje no ha experimentado nunca los efectos de las drogas auditivas

Alfred Angelo Tomatis manifestaba que las sonatas de Wolfgang Amadeus Mozart eran útiles para combatir estados depresivos

No obstante, Jordi Ángel Jauset Berrocal (Lleida, 1955), pianista, doctor en Comunicación por la Universidad Ramón Lull (URL) y especializado en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva,  señala que la generación de endorfinas estimulada por la musicoterapia «interviene en el mecanismo interno fisiológico de percepción del dolor. Al incrementar el placer, menguan las sensaciones molestas». Además, apoya esta disciplina como una herramienta «bastante eficaz» para aumentar la movilidad de personas que padecen la enfermedad de Parkinson o que se están recuperando de un ictus.

jordijauset
El divulgador científico-musical Jordi Jauset en su domicilio de Barcelona. Foto: Ismael Ul Alam
sitar
El músico bangladesí Sazed Ul Alam impartiendo clases de sitar, un instrumento que frecuenta las sesiones de musicoterapia. Foto: Ismael Ul Alam

Jauset, un convencido de la dimensión espiritual del ser humano, es el autor del libro ¿La música distrae?, el cual escribió a modo de protesta contra la pérdida de la obligatoriedad de dicha materia en los colegios y por las declaraciones del exministro de Educación José Ignacio Wert («hay asignaturas que distraen», promulgaba). Responde al título de su publicación: «Nunca será una distracción que perjudique el aprendizaje en otros ámbitos porque ayuda a potenciar las capacidades cognitivas».

Comentaba el neurocientífico, músico y psicólogo Stefan Koelsch en un capítulo del extinto programa de divulgación científica Redes 2.0 que «el lenguaje humano lleva implícito una musicalidad con un importante componente emocional sin la cual resultaría muy difícil aprender a hablar». Es decir, de la manera en que el emisor entone un mensaje oral dirigido hacia un bebé depende la comprensión de este como receptor del acto comunicativo. Un concepto que Eduard Punset, director y presentador del espacio televisivo, sintetizó tal que así: «A los recién nacidos se les tiene que hablar cantando». Infraestructuras sanitarias como el Hospital General Universitario de Elda ya incorporan sesiones de musicoterapia en busca del bienestar de neonatos. Jauset argumenta que es una técnica pasiva que «regula el metabolismo y les ayuda a ganar peso». Asimismo, destaca que en otros centros percuten cajas de madera para imitar el ritmo cardíaco del bebé, de manera que, a los siete minutos, «se consigue disminuir la frecuencia respiratoria y el estrés».

321642_283744534973325_185163340_n
Diferentes culturas reunidas en Nine Mile (Jamaica), pueblo natal del cantante de reggae Bob Marley, para recordarle. Foto: Ismael Ul Alam

Persuadir con sonido e imagen

Las agencias de publicidad y productoras audiovisuales saben de la importancia de rentabilizar la ‘magia’ de la música. Así, hay anuncios televisivos que son recordados por su brillante guion o presentación visual y otros por cómo se sincronizan con las canciones que emplean. Paradigma de este último caso es aquel famoso spot de la operadora móvil Tuenti que promocionaba sus tarifas al son que marcaba la cantante Maluca Mala con la canción El Tigeraso; un tema de ritmos latinos que disparó su popularidad en España tras aparecer en ‘la caja tonta’. El éxito logrado por la antigua red social sirvió como preludio para otras compañías como Wallapop, que decidió emplear la misma fórmula.

Vicente Carrasco (Alicante, 1978), cofundador de Zip Zap Producciones Audiovisuales y compositor, considera que, en un contexto comercial, la música es un elemento «fundamental» para incitar a los consumidores a comprar. «Si no fuera así, yo no tendría trabajo», sentencia. Como técnico experimentado en el campo de la producción de contenidos audiovisuales para televisión, publicidad y la industria discográfica, suele recibir encargos para crear la sintonía o el fondo sonoro de programas de Mediaset, Atresmedia, RTVE y otros grupos de comunicación. Incide en que en la actualidad se pueden encontrar «muchos campos de desarrollo y trabajo» en su sector porque hay un consumo «feroz» de contenidos, sobre todo, a través de plataformas como Netflix (con más de medio millón de suscriptores en España según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) o HBO. Además, destaca que con Spotify y Yotube la música se consume de una forma «muy diferente» respecto a la década anterior, cuando la totalidad de la producción acababa «en tres grandes compañías discográficas».

desayuno produccion
Desayuno en el estudio de Zip Zap Producciones Audiovisuales. Foto: Vicente Carrasco

El estudio de Zip Zap, ubicado en Madrid, es un espacio diáfano y pensado para trabajar de forma «colaborativa». «Ese ser individual que compone sus canciones en su cuarto ya no se lleva. Entendemos la composición como algo colectivo», explica Carrasco. La evolución tecnológica ha traído consigo nuevas herramientas que dejan a un lado el método «clásico» para crear música fundamentado en un sistema «de melodía y letra». Precisa que ahora se utilizan programaciones de base electrónica, donde se le da más peso a la parte rítmica que a la armónica y melódica. El objetivo, en el caso del acompañamiento sonoro para anuncios de televisión, es claro: conectar emocionalmente con el público objetivo del producto que se intenta vender. Porque, según una investigación llevada a cabo por la Universidad del País Vasco en 2011, en función del género musical que se emplee en un spot publicitario, la percepción del consumidor hacia la marca variará.

Carrasco explica que «ese ser individual que compone sus canciones en su cuarto ya no se lleva», sino que se entiende la composición como «algo colectivo»

¿Y cómo componer un tema original y pegadizo para el formato televisivo? Carrasco compara tal empresa con «la búsqueda del Santo Grial». Aunque circulan teorías que prometen predecir el éxito de una canción con una precisión de hasta el 60% gracias a un algoritmo, considera, en el caso de los jingles, que es «fundamental» reiterar «cosas que nuestra memoria sea capaz de retener, contar historias en primera persona y usar ritmos potentes que sugieran movimiento».


creequelamusicautilizada
Gráfico: De las 620 personas que respondieron a la pregunta, el 82,6% cree en el poder persuasivo de la música en publicidad

la mayoria del contenido que consume
Gráfico: A pesar de ser una plataforma audiovisual, el consumo de música en Yotube es mayoritario para el 56,2% de los encuestados

La trascendencia de la banda sonora

Desde 1929, año en el que se puso fin a la era del cine mudo, la gran pantalla es el medio audiovisual donde la música adquiere un papel fundamental como recurso expresivo. Quizá, filmes como Interstellar u Origen no hubiesen impresionado al espectador sin las composiciones del alemán Hans Florian Zimmer y su magistral habilidad para describir el silencio del espacio exterior. Además de permitir elaborar imágenes a partir de sonido, las melodías tienen el poder de cambiar la percepción y el sentido de la escena.

«Hay películas que sin su banda sonora no se pueden hacer. Es como construir una casa sin techo», afirma el compositor Pablo Cervantes (Sevilla, 1977), quien colabora asiduamente con el director José Luis ‘Garci’. En su dilatada carrera profesional ha ideado la música de 28 largometrajes y numerosas series de televisión como Olmos y RoblesEl Chiringuito de Pepe o El Corazón del Océano. Fue nominado a los premios Goya en 2004, 2006 y 2013. Debido a una desafortunada equivocación de los presentadores, en este último año fue galardonado unos instantes como ‘Mejor Canción Original’ por su tema Líneas Paralelas, contenida en la película Los niños salvajes.

Cervantes, que solo compone cuando recibe encargos y tiene el material visual con el que se pueda apoyar, destaca que para hacer una banda sonora «hay que analizar la música como un espectador más». Y en cualquier detalle de su entorno puede encontrar su fuente de inspiración: «una vez, a partir de pensar cómo le quitaba las sílabas al nombre de una persona me surgió una melodía», añade. Sin embargo, no tiene temor al papel en blanco o a pensar en cómo empezar a confeccionar una partitura, ya que, en ocasiones, «los proyectos obligan a uno mismo a tener más oficio que talento».

pablo cervantes
Espacio de trabajo del compositor para cine y televisión Pablo Cervantes. Foto: Pablo Cervantes

En la producción del cine se manejan otros tiempos más distendidos respecto a la televisión. Cervantes estima que pueden pasar, «como mínimo», de cuatro a ocho semanas desde que recibe el montaje final de la película hasta que le pone banda sonora, mientras que en las teleseries el proceso se suele reducir a siete días por capítulo. Durante ese periodo, intercambia material e ideas con el director. Innovar siempre es difícil: ¿Cómo ser original para evocar en distintos largometrajes una misma emoción de, por ejemplo, tristeza? Cervantes piensa que los clichés y las fórmulas que funcionan existen. «Las sonatas de Johann Sebastian Bach y Domenico Scarlatti ya tenían unas estructuras referenciales que han servido a lo largo de la historia para construir piezas musicales. Nada está libre de la influencia de los demás», recuerda. No obstante, reconoce que hay géneros cinematográficos que se prestan más a labor del compositor, como el drama o la acción, mientras que la comedia «es más difícil».

Pablo Cervantes piensa que «los clichés y las fórmulas que funcionan existen» en pos de crear varias melodías que evoquen una misma emoción

«De los sentidos, el oído es el más espiritual», decía el filósofo danés Søren Kierkegaard. Pasarán los años y, salvo tamaño salto evolutivo, la música seguirá influenciando y fascinando (con permiso de los anhedónicos), paradójicamente, a su propio creador; el ser humano. Aunque sea en el interior de un coche en marcha.

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Joshemari dice:

    Ismael, he leido con mucha atencion este estudio y te felicito por ello. Es fantadtico y muy interessnte.
    Venga! Sigue investigando.

    Le gusta a 1 persona

    1. uhlalam dice:

      Gracias por tus ánimos, Joshemari. Un saludo.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s