«Los seres humanos generamos predicciones al escuchar música»

Josep Marco-Pallarés • Neurocientífico

El investigador afirma que los avances en neuroimagen de los últimos viente años han permitido aprender «muchísimo» sobre la relación entre cerebro y melodía


Josep Marco-Pallarés (Esplugas de Llobregat, 1978), admirador de la historia del científico Santiago Ramón y Cajal, no ha perdido el tiempo. Además de físico, es profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB) y miembro del Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL). En 2013 culminó, junto a su equipo investigador y  con la colaboración del Instituto y Hospital Neurológico de Montreal (Canadá), un estudio  que evidenció la existencia de la anhedonia musical específica; es decir, la incapacidad de algunas personas de sentir placer ante el estímulo de la música.

¿Qué ocurre en el cerebro de la mayoría de la gente cuando escucha una melodía agradable?

Lo primero que pasa es que se activan las áreas primarias de audición situadas en el lóbulo temporal. Estas se encienden cada vez que un sujeto oye un sonido cualquiera. A partir de ahí, el procesamiento es más complejo. Seguramente, lo que los seres humanos hacemos con la música es generar predicciones sobre cómo se va a desarrollar, por ejemplo, una canción. Ya sea porque la hemos escuchado anteriormente o porque sabemos cómo es la música en nuestra cultura. Es el balance entre los pronósticos acertados y los erróneos el que nos pueden generar una sensación de placer. En definitiva, la información interpretada pasaría a básicas estructuras subcorticales localizadas por debajo de la superficie del cerebro que se encargan de tratar las emociones y las recompensas.

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De izquierda a derecha; los investigadores de la Universidad de Barcelona Josep Marco-Pallarés, Pablo Ripollés y Antoni Rodríguez-Fornells. Foto: IDIBELL.

¿Cuáles son las principales dificultades con las que se encuentra la neurociencia para abordar este fenómeno?

Desde el punto de vista más pragmático y diario, en España existen problemas para financiar trabajos de investigación. Por otro lado, el cerebro es un órgano muy complejo con muchos niveles interconectados y distintos entre sí. Se puede estudiar desde el funcionamiento de una neurona y su relación con otras hasta llegar al porqué de la conducta o el comportamiento de las personas frente a estímulos sonoros. Entonces, la integración de todos los estudios que se hacen es complicada. Hacerla posible es uno de los grandes retos.

«Lo primero que pasa en el cerebro al oír una melodía agradable es que se activan las áreas primarias de audición situadas en el lóbulo temporal»

¿Confía en saber algún día la verdad al detalle?

Aún estamos lejos de conseguirlo, pero es cierto que en los últimos veinte años hemos aprendido muchísimas cosas gracias a los avances en técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética funcional, que permite obtener imágenes de la actividad del cerebro mientras realiza una tarea. Hasta hace poco era impensable. El día en el que se puedan combinar los diferentes desniveles del funcionamiento cerebral se podrá explicar todo aquello relativo a la conducta.

Usted participó en el estudio que identificó la anhedonia musical específica a través de un cuestionario respondido por 3.000 personas. ¿Qué hipótesis se planteaban antes de empezar la investigación?

En un principio nos preguntábamos sin prejuicios si existía gente sana a la que no le gustara la música. Es decir, personas que no estuviesen deprimidas y tuviesen la capacidad de sentir placer por cosas como el sexo.  Los cuestionarios revelaron que a cerca del 5% de los encuestados no les complacía escucharla. Después seleccionamos a un grupo de personas para comprobar la certeza de los resultados.  Efectivamente, en el laboratorio vimos que los sujetos no tenían una respuesta fisiológica ante la música y, en cambio, sí cuando jugaban a perder o ganar dinero.

¿Compartían algo en común como la proximidad geográfica o semejanza cultural?

Hicimos varios cuestionarios. La primera versión fue en español y la contestó gente de toda España. Más tarde realizamos una traducción al inglés que fue difundida por todo el mundo. Asimismo, también lanzamos otra en francés para Francia y Canadá. Más o menos, la mayoría de los países receptores tenían una cultura occidental y, por tanto, los resultados eran muy parecidos y estables. Pero, claro, ¿serían similares en, por ejemplo, el continente asiático? No lo sabemos, aunque todavía se sigue adaptando el cuestionario a bastantes idiomas. Yo creo que dentro de poco se podrá esclarecer más el asunto.

Con el Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral también investigó sobre la posible mala conexión entre las áreas primarias del cerebro que son activadas por la música y otras zonas superficiales.

Sí, estudiamos con resonancia magnética funcional el cerebro de tres grupos de personas con diferentes grados de sensibilidad hacia la música. Llegamos a la conclusión de que los anhedónicos musicales presentaban cierta desconexión entre las áreas de percepción primarias y las encargadas de procesar las recompensas y las emociones. Esta sería una de las razones por las que no sienten placer ante la música.

Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) concluyó en 2012 que las canciones compuestas en las últimas décadas tienden a parecerse mucho entre ellas… ¿La falta de originalidad de la industria tiene algo que ver con la anhedonia musical?

No queda muy claro. En general, a quienes hemos estudiado no han sentido nada por la música toda su vida. Aunque no es menos cierto que hay gente que nos ha contactado diciendo que ha perdido de un día para otro el interés por escucharla. Tampoco se puede saber hasta qué punto entran en juego los aspectos perceptivos o vitales de cada persona.

En la red existe controversia: ¿Cree en la eficacia de las drogas auditivas?

No mucho, pero tampoco he tenido ocasión de estudiar ambos fenómenos a fondo. Por los mecanismos que se han explicado en internet, no parece una cosa muy sofisticada. Creo que tiene que ver más con la sugestión o el deseo de querer sentir algo. Es difícil pensar que escuchando un sonido se pueda percibir lo mismo que si se consume cocaína o cannabis. En fin, le doy poca credibilidad a esos fenómenos.

«Es difícil pensar que con un sonido se pueda percibir lo mismo que si se consume cocaína o cannabis»

Ha tomado relevancia todo aquello relacionado con el neuromarketing y el deseo de comprender los niveles de atención que reflejan las personas frente a diversos estímulos. ¿Se puede persuadir con música?

Claramente, se usa para vender y generar afecto hacia las marcas. La música tiene un poder muy potente para generar ciertas emociones e inducir aspectos de proximidad, que es uno de los objetivos del marketing. Esa es su gracia. Si a un anuncio le quitamos la música, el efecto no sería el mismo. Es por ello que los jingles se utilizan mucho para, por ejemplo, recordar números de teléfono que si no fuera porque sé cantarlos no me acordaría de ellos.

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