«La musicoterapia ayuda a aumentar la movilidad de personas con Parkinson»

Jordi Ángel Jauset • Divulgador científico-musical

Pianista por herencia paterna, el también doctor en Comunicación es autor de libros y conferencias donde defiende los beneficios del sonido sobre la salud


 

los seis hermanos jauset
Vinilo del grupo de acordeones ‘Los Seis Hermanos Jauset’. Foto: Jordi Jauset

El joven y familiar grupo de acordeones ‘Los Seis Hermanos Jauset’, también conocido como ‘La familia Trapp española’, se popularizó en la España melómana de la década de los setenta. Tal fue la repercusión que tuvo entre los amantes de música clásica y regional, que la extinta discográfica Hispavox distribuyó dos elepés del conjunto. Uno de esos hermanos, el más mayor, era Jordi Ángel Jauset Berrocal (Lleida, 1955), quien recuerda «muchas veces» cómo con cuatro años su abuelo le enseñaba a leer las notas musicales. A los 15 años ya había culminado su carrera profesional de piano. Atraído por «saber cómo era posible que un receptor de radio pudiera proporcionar sonido», estudió Ingeniería de Telecomunicaciones para acabar ocupando puestos directivos en RTVE. Doctor en Comunicación por la Universidad Ramón Lull (URL), el máster en Psicobiología y Neurociencia Cognitiva le sirvió para explotar su faceta como divulgador a través de conferencias y libros sobre los beneficios de la interacción entre el cerebro y la música.

En sus obras insiste en el componente espiritual del ser humano como área de influencia musical. ¿Es Jordi Jauset creyente?

Habría que definir en primer lugar lo que significa. Hay mucha diferencia entre ser religioso y ser espiritual. El ser humano, por propia constitución, posee una dimensión espiritual, al igual que emocional o fisiológica. Es decir, somos bastante más que los animales. Entiendo esa espiritualidad como laica; no aferrada a dogmas. Cuando realizamos un acto hay un valor añadido más. A eso me refiero.

Aprovecharé el título de su último libro: ¿La música distrae?

Sí, es cierto, pero distrae en el ámbito de la salud; cuando se utiliza con fines terapéuticos para disminuir la percepción del dolor. También sirve para rebajar la ansiedad. Es uno de sus efectos positivos. El libro trata de lanzar un mensaje al ámbito educativo, donde no se promueve que los niños aprendan música. Nunca será una distracción que perjudique el aprendizaje de otras materias. Al contrario: ayuda a potenciar las capacidades cognitivas y eso sirve para mejorar en ámbitos diferentes.

«La música nunca será una distracción que dificulte el aprendizaje de otras materias»

Precisamente, según investigaciones del Lois Armstrong Center for Music and Medicine de Nueva York, la musicoterapia puede servir para aliviar el dolor de los pacientes que se recuperan de una cirugía de columna. ¿Qué explicación puede tener este fenómeno?

La generación de endorfinas interviene en el mecanismo interno fisiológico de percepción del dolor. Al incrementar el placer, menguan las sensaciones molestas. Aparte, la musicoterapia es bastante eficaz para aumentar la movilidad de personas que padecen la enfermedad de Parkinson o que se están recuperando de un ictus.

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Jordi Jauset en plena sesión de musicoterapia en el Centro de Estudios Musicales María Grever. Foto: Joan Capafons

Poco a poco, varios hospitales se van sumando a la iniciativa de aplicarla con bebés prematuros. ¿Qué beneficio pueden obtener los recién nacidos con esta técnica?

En esos casos lo que suele hacerse es una musicoterapia pasiva para que escuchen sonidos u obras determinadas. Recuerdo que en un hospital de Tenerife se utilizaba música de Mozart, por ejemplo. Allí se hicieron estudios en los que se evidenció que los bebés prematuros ganaban peso escuchándola. Al estar relajados, el metabolismo de cada uno ponía su empeño en no malgastar fuerzas en mecanismos de ansiedad. El organismo es muy sabio. En otros centros intentan reducir sus pulsaciones cardíacas con sonidos. Y es un método muy curioso, porque se percute una caja de madera para imitar el ritmo que tiene el bebé. A los siete minutos, va disminuyendo, al igual que la frecuencia respiratoria y el estrés.

«En un hospital de Tenerife se hicieron estudios en los que se evidenció que los bebes ganaban peso escuchando a Mozart”

¿Echa en falta más divulgación científica sobre el tema?

Yo creo que se va haciendo poco a poco. Por ejemplo, la Junta de Extremadura ha hecho unos convenios con hospitales y todo se está introduciendo bastante. La escasa investigación se debe a que es muy costosa. Se requiere tiempo, recursos y equipos. A medida que la comunidad científica se vaya convenciendo de los resultados, la indagación irá a más.

¿Qué formación académica y aptitudes ha de tener un musicoterapeuta?

Como es un profesional de la salud, es fundamental la vocación. En cuanto a estudios, en España únicamente se puede acceder a la titulación a través de másteres o programas de posgrado. Esa formación creo que se queda un poco corta. Existen otros países donde ya se contemplan carreras universitarias de cuatro años, con posibilidad de hacer un doctorado. Es en ese espacio de tiempo donde sí que se puede profundizar más, porque un musicoterapeuta tiene que saber de música, sonido, investigación, psicología y medicina. Requiere un aprendizaje bastante extenso.

El 29 de septiembre de 2010 publicó en La Vanguardia un artículo titulado ‘Música e intención de voto’… ¿Adónde quería llegar?

Mi intención era llamar un poco la atención por el hecho de que la música ejerce cierta influencia en nuestro subconsciente. Me preguntaba si la sintonía que se utiliza como marca en las campañas o actos políticos, en caso de agradarnos, podría hacer decantar nuestro voto por la formación en concreto si estamos indecisos. No tengo respuesta; era una duda que tenía. ¿Quién sabe si la sensibilidad musical de cada uno puede hacer decantar la balanza hacia un partido político?

¿Existen tantos instrumentos como emociones?

En efecto. Si escuchamos el sonido grave de un didgeridoo durante unos cuantos segundos, el efecto que va a tener en nosotros no es el mismo que si prestamos atención a una melodía muy dulce a través de un violín o una flauta dulce. ¿Y qué parámetros están en juego? Por una parte, en cuanto a espectro sonoro, las frecuencias y el timbre de ese sonido. Dependen de las dimensiones y del material del instrumento. Entonces, cada uno da una cierta tonalidad o información sonora que puede evocar una emoción cualquiera en nosotros. Ahora bien, ese proceso viene condicionado por la mochila personal del sujeto. Esta aguarda experiencias, recuerdos, cultura y entorno. Es lo más relevante.

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