«Hay películas que sin su banda sonora no se pueden hacer»

Pablo Cervantes • Compositor para cine y televisión


Encargado de reforzar las escenas de la gran pantalla y las teleseries, intenta conectar con el público analizando «como un espectador más» la música que hace


Un piano se cruzó en la vida de Pablo Cervantes (Sevilla, 1977) cuando era un niño. De los cuatro hermanos, él era el que mostró un interés más especial por aquel instrumento de teclado y cuerdas percutidas que su padre decidió adquirir. A pesar de que tenía en mente formarse para ser veterinario, tras realizar el servicio militar decidió seguir las recomendaciones paternales y enfocó su camino hacia su ‘hobby’: la música. Hoy, Cervantes acumula la autoría de bandas sonoras de 28 películas y varias series de televisión como ‘Olmos y Robles’, ‘El Chiringuito de Pepe’ o ‘El Corazón del Océano’. También ha compuesto más de 50 sintonías para programas de Canal Sur, Antena 3 y RTVE. En 2004, 2006 y 2013 fue nominado a los premios Goya. En la última gala en la que estuvo presente recibió por unos instantes el premio ‘Mejor Canción Original’ debido a una equivocación de los presentadores. Maestro en Educación Musical por la Universidad de Sevilla, ha ejercido docencia en diversas escuelas cinematográficas del país y suele colaborar con el director José Luis ‘Garci’.

En numerosas ocasiones se ha definido como una persona autodidacta, pero ¿cuál es el sello diferenciador de Pablo Cervantes?

Me considero flexible y generoso para adaptarme a las características de cada proyecto. Quizá sea bastante clásico, pero solo en términos melódicos. Es decir, no soy un compositor de vanguardia o seguidor del dodecafonismo. Pero, claro, no es lo mismo crear música para un thriller que hacerlo para un capítulo de una serie o una película de José Luis ‘Garci’. Normalmente, cada trabajo tiene naturalezas muy distintas.

Sobre el panorama nacional: ¿Es difícil sobrevivir en su sector?

Sí, porque en España no existe un tejido industrial lo suficientemente fuerte como para absorber todo el talento que creo que hay. También depende de con qué país nos comparemos. Lógicamente, si lo hacemos con Mozambique es probable que ellos estén peor. No obstante, la producción británica, francesa y, sobre todo, la norteamericana es más potente que la nuestra en cuanto a presupuesto. Lo que se hace aquí es importar mucho cine extranjero. Ellos tienen un mercado que abarca el mundo entero. Nosotros, no. Entonces, es más factible dedicarse a esta profesión y a otras relacionadas con la gran pantalla en esos lugares.

¿Cuál es la diferencia entre componer música para cine y para televisión?

Principalmente, el tiempo disponible. En televisión hay que trabajar muy rápido y con autonomía, porque solo una persona suele encargarse de confeccionar y mezclar las melodías. Además, las series tienen muchas necesidades sonoras. En el cine los intervalos son más distendidos y se abre la posibilidad de obrar con más individuos.

¿Cuánto tiempo puede tardar en componer una banda sonora desde que recibe el encargo?

En cine se establecen unas fechas aproximadas desde que te dan el montaje final de la película hasta que tienes compuesta la música. Pueden pasar unas cuatro semanas en las cuales se intercambia material con  el director. Luego, si se va a grabar con músicos, pues se extiende el tiempo una o dos semanas más. En total, estaríamos hablando de unos dos meses. Cuando he trabajado para televisión he ejercido otro tipo de metodología. Desde que me daban un capítulo hasta que lo tenía que entregar con música pasaban siete días. Las películas vienen a veces con referencias melódicas de otras obras; algo que facilita las cosas. En suma, la naturaleza del proyecto dictará la naturaleza y los tiempos de la producción y composición.

Los gurús del medio audiovisual coinciden en el poder de la melodía para cambiar el sentido de las escenas, pero ¿qué importancia tiene la música respecto a otros elementos del film como el guion, la fotografía o los personajes?

Creo que tiene más relevancia el guion, pero, indudablemente, hay películas que sin su música no se pueden hacer. Es como construir una casa sin techo. Yo, por ejemplo, no me imagino ver Indiana Jones sin su característica melodía. Al final es como cocinar. Los platos tienen que tener una serie de ingredientes y puedes quitar alguno de ellos, pero el resultado es diferente.

Siempre ha manifestado que los compositores actuales deben estar al tanto de las nuevas tecnologías aplicadas a la profesión. ¿Cómo es su espacio de trabajo?

En realidad, mi estudio es relativamente sencillo. Tengo un ordenador dotado de cierta potencia, pero no deja de ser un equipo distinto al que se puede montar cualquier persona. Poseo varios discos duros sólidos y muchísima memoria RAM porque necesito velocidad y capacidad de almacenaje aparte de una buena placa base que gestione todo. Utilizo un entorno Windows y una herramienta llamada Cubase como editor de audio digital y secuenciador. Es un espacio informático profesional sin mucha complejidad adaptado a mi oficio.

TRABAJOS
Foto: Pablo Cervantes.

«En realidad, mi estudio es relativamente sencillo; no deja de ser un equipo distinto al que se puede montar cualquier persona».

¿Cuál ha sido el detalle más insignificante que le ha servido como inspiración para componer?

A partir de pensar cómo le quitaba las sílabas al nombre de una persona me surgió una melodía.

Tras los más de 28 cortometrajes para los que ha puesto música y las 50 sintonías para programas de televisión, ¿no le resulta complicado ser original?

Intento no darle demasiadas vueltas. Sí introduzco algunos cambios en la manera en la que compongo. Incluso en la forma en la que me relaciono con las herramientas  que tengo. Es decir, si cambio un poco el modo de trabajar, también varía el producto musical. Aunque supongo que siempre habrá cierto aroma o tufo a Pablo Cervantes en todas las obras que hago. O eso quiero creer. En ocasiones, los proyectos obligan a uno mismo a tener más oficio que inspiración o talento. Cuando hay poco tiempo y presupuesto hay que ser muy efectivo. Los ingleses suelen decir que primero hay que ser rápido y, luego, bueno.

«En ocasiones, los proyectos obligan a uno mismo a tener más oficio que inspiración o talento»

En el mundo de las letras es muy frecuente oír hablar sobre el pánico al papel en blanco. ¿A usted también le cuesta romper el hielo?

Lo importante es empezar como sea a base de probaturas. No hay otro camino. Es el paso más incómodo a veces porque no hay nada. La intuición es fundamental. Escuchando mucha música, desde el momento en el que recibes el encargo ya se puede hacer un esbozo de qué tipo de instrumentos pueden encajar mejor para evocar los sentimientos que se requieren.

¿Opina que hay patrones repetitivos para componer piezas que expresen una determinada emoción?

Sin duda, los clichés y las fórmulas que funcionan existen. Tenga en cuenta que las sonatas que Johann Sebastian Bach y Domenico Scarlatti ya tenían unas estructuras referenciales que han servido a lo largo de la historia para construir piezas musicales. Nada está libre de la influencia de los demás. Como escribió Isaac Newton, «si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes». Los compositores siempre están subidos en lo que otros o ellos mismos han hecho antes.

¿Y con qué género cinematográfico se siente más cómodo?

Con el terror o la acción, pero me he encontrado un poco de todo. También he hecho comedia, drama, thriller. En la comedia es difícil sacar una fórmula que funcione y conecte con el espectador en comparación con otros géneros.

Afirma usted que no tiene la certeza de si lo que está componiendo es acertado o no hasta que pasa un tiempo. ¿Tiene muchas manías?

Creo que, al menos con la música, no soy obsesivo. Puede que en mi día a día si lo sea con otras cosas, pero no tengo rituales. Intento analizar la música que hago como un espectador más. Es cierto que cuando está más elaborado el tema sí puedo aplicar algunos criterios profesionales técnicos o teóricos: ¿Están bien distribuidos los instrumentos? ¿suenan más fuertes unos respecto al resto? ¿hay voces que deberían resaltar más? ¿Está el espectro bien balanceado desde un punto de vista dinámico? Son cuestiones que me planteo.

«Los compositores siempre están influenciados por lo que otros o ellos mismos han hecho antes»

Desde su experiencia: ¿es cierto que se puede entrenar el oído musical?

Sí, y si no se practica se pierde. Yo no considero que tenga unas cualidades innatas especiales. He desarrollado cierto oído rítmico, aunque conozco músicos que lo tienen muchísimo más evolucionado en cuanto a afinación. Es igual que tocar un instrumento. Si no se entrena, la técnica y la coordinación entre el ojo y la mano se descuida. Con el oído pasa lo  mismo.

PABLO CERVANTES.png
Foto: Pablo Cervantes

 

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